El emprendedor consciente vende valor, no vende tiempo.

El valor se ve reflejado en cada producto o servicio que crea. Su tiempo lo invierte en crear sistemas, relaciones, y generar aún más valor con cada nueva versión de sus productos o servicios. Esto le permite trascender el tiempo, y su persona.

Cuando su mente fluye hacia la creación de valor, deja de importarle la economía del afuera. Crea un negocio que es inmune a las crisis económicas —crece con o sin ellas—. Las crisis económicas no lo afectan, las trasciende. Eso es conciencia aplicada a los negocios.

El emprendedor tiene disciplina. Es un discípulo creyente de una filosofía de vida, y acciona a conciencia en ello y sin esfuerzo —no lo considera un trabajo—. En virtud de ello, una de sus principales cualidades es la convicción y la perseverancia. Nunca abandona.

Hay una exacta similitud entre el emprendedor y su empresa. La empresa también es un Ser con energía vital. Se crea para trascender y tiene una misión, un propósito. Si bien esta lo representa, es más poderosa que su creador y lo trasciende; es una relación libre de apegos.

 

2 comentarios
  1. Luis
    Luis Dice:

    Comparto lo dicho en tu publicación.
    Creo justamente en eso, que hoy un emprendedor deber poder evolucionar desde dentro y hacia afuera, -su proyecto, empresa- que no es más que una extensión de si mismo y sus ideas puesto al servicio de los demás para ayudar a evolucionar en este camino hacia la Luz.

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